DESICIONES QUE DESTRUYEN O
SALVAN VIDAS.
POR:
POR: UZIEL ESPARZA GÁMEZ
esparzauziel@gmail.com
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xiste un
principio elemental que todo Ser humano debe de practicar aun desde sus
primeros años; pero evidentemente existen personas que lo pasan por alto acarreando
consecuencias desastrosas para su vida. Probablemente usted concordará conmigo
al afirmar que los padres juegan un papel muy importante en este asunto.
Recuerdo haber visto en una ocasión cuando visité la casa de un amigo; a una
madre que curiosa observaba a su niño de 6 meses de nacido jugar en su corral;
pero lo más llamativo del caso está en que cada vez que el niño quien al
parecer estaba aprendiendo a identificar a sus juguetes tomaba uno; en ese
breve instante su madre obviaba su decisión de experimentar con aquel juguete
nuevo y le ofrecía otro en su lugar.
Actitudes como esta
aunque usted no lo crea afectan a largo plazo, el desarrollo y la capacidad que
tenemos como seres dotados de inteligencia; de tomar en el futuro buenas
decisiones y no depender de las opiniones de otros. Con esto no quiero decir
que sea algo malo escuchar la voz experta de parientes, conocidos e incluso
amigos que de buena intensión nos dan sus sabios consejos y aportan sus ideas a
la hora que necesitemos tomar una importante decisión en nuestra vida.
Se trata de un
asunto serio en donde la decisión que debe prevalecer deberá ser siempre la
nuestra; reflexionando en torno a este punto recordé el caso de José; (*)
un joven correcto, serio, trabajador, sin vicios, el sueño dorado de cualquier
mujer; pero pese a sus buenas virtudes, José tiene un defecto que le impide
tener una vida normal como cualquier joven de su edad. Nunca ha podido tomar
una decisión por su propia voluntad, sino que depende de lo que le diga su actual
pareja para hacer prácticamente cualquier cosa.
Su caso no es nuevo
y se remonta a la época cuando aún vivía con sus padres; para ese entonces su
mamá lo sobreprotegió tanto que prácticamente no le permitió hacer o
decidir nada sin su consentimiento; que
ropa debía de ponerse; que alimentos debía de comer imponiendo su propio gusto;
que programas de TV ver; qué libros leer;
sus amigos; su carrera y hasta su actual pareja fueron elecciones hecha
por capricho de su propia madre quien en
ningún momento respetó el criterio propio y la voluntad de su hijo.
Lamentablemente los padres de José no vivieron
mucho tiempo; y al abandonar esta vida por la voluntad de Dios dejaron a un
hombre de 37 años aunque casado, con una casa heredada, y un trabajo decente
atado de pies y manos; un hombre solo de nombre. Y yo me pregunto; ¿De qué
sirven los bienes materiales cuando no eres feliz con lo que tienes?, ¿De qué
sirve tener una pareja si no fuiste tú quien la eligió?; cuando dependemos de
la voluntad de otros para realizar las tareas que la vida nos ha puesto por
delante; puedo decir sin ser radical que nuestro paso por esta tierra llena de
maldades con conciencia ha sido un verdadero fracaso; porque cuando otro Ser
humano te roba el poder de decisión; te ha robado también tu libre albedrío
convirtiéndote en un esclavo más de los tantos que todavía existen en este
mundo lleno de luz y oscuridad.
Sin embargo, cabe
señalar que si bien es reprochable las malas actitudes que toman algunos padres
acarreando consecuencias nefastas en la
vida de sus hijos; otros por otro lado sin verse obligado a hacerlo han tomado
decisiones que lejos de destruir han construido a costo de su propio
sufrimiento un futuro mejor para sus progenitores. La siguiente historia
personal es una prueba irrefutable de ello.
Alberto (*)
es un militar de academia con una envidiable hoja de servicios, que ha hecho de
él un hombre admirado y querido por
quienes lo conocen. Para el momento en el que se desarrollaron los hechos que
estamos narrando aquí el entonces Coronel Alberto se desempeñaba como profesor
titular en una Unidad Especial de Formación de Nuevos Pilotos en una de las
principales unidades de aviación militar de su país.
Para ese entonces ya llevaba 20 años
de servicios a la patria de un total de 25 jurados; solo le faltaban 5 años
para concluir su brillante carrera cuando un suceso familiar cambiaría la vida
de este hombre y la de su familia para siempre. Alberto además de militar es un
esposo felizmente casado y padre de una hermosa chica llamada Amanda. Una niña
que tristemente fue diagnosticada de Leucemia; desde la corta edad de 10 años y
a causa de la enfermedad convaleciente
no podía caminar. Pero no todo estaba perdido para esta pequeña; que
soñaba con celebrar sus 15 primaveras bailando un vals junto a su padre; había
una esperanza de un trasplante de médula ósea que podía lograr que Amanda
finalmente pudiese caminar; solo había que encontrar un donante compatible.
Después de un
análisis minucioso a la paciente y realizar algunas pruebas experimentales con
un selecto grupo de posibles donantes, los resultados finales concluyeron que
el único donante compatible para realizar el trasplante de médula ósea no era
otro que el propio padre de Amanda. (*)
Al recordar con
tristeza la triste historia de Alberto y Amanda víctimas de las circunstancias
de la vida; crea en mi mente un dilema que plantea la incógnita de ¿A qué punto
el amor de padre puede mover a un hombre como Alberto a tomar una decisión
acertada o desacertada para su vida? Al final su amor paternal resultó ser más
fuerte que su orgullo personal; púes sin pensarlo dos veces cumplió la promesa
que le había hecho a su niña de regalarle no solo una fiesta de 15 años; sino
un hermoso baile de Vals él desde una silla de ruedas y ella danzando de pie a
su lado.
Es evidente que las buenas y malas decisiones que tomamos en la vida en un
momento determinado pueden afectar en buena medida la vida de otros; y no me
refiero únicamente a los padres, ya que los hijos también están implicados en
este asunto. Sobre este dilema me gustaría narrar brevemente una historia que
demuestra hasta qué punto una mala decisión de un hijo puede cambiar la vida de
sus padres.
Si desastrosa y reprochable es la actitud de
algunos padres que sobreprotegen y controlan en demasía la vida de sus hijos al
decidir por ellos; resulta aún peor cuando otros progenitores son demasiados
permisivos dejando que sus hijos hagan y deshagan a voluntad. Beatriz era una
chica a la que sus padres consentían en demasía permitiéndole hacer lo que le
diera su real gana. Con tan solo 14 años de edad; salía a todo tipo de juergas
con sus amigos hasta altas horas de la madrugada; que por demás eran mayores
que ella; bebía Alcohol; fumaba cigarrillos; y le abría las piernas a cuanto
tipejo le pintara gracia. En más de una ocasión
fue detenida por la policía por su mala conducta social para luego ser rescatada por sus padres;
quien además de pagarle la fianza justificaban sus malos actos al afirmar a las autoridades que
la chica solo quería divertirse con sus amigos; y en consecuencia estos al ser
mayores que ella la forzaban a practicar aquellos malos vicios.
Pero un día todo cambió cuando Beatriz (*) descubrió que estaba embarazada; demás está
decir todas las locuras que la chica hizo para abortar a la criatura que se
estaba desarrollando en su matriz; pero finalmente contrario a su voluntad superó
el embarazo y tuvo una niña prematura de 8 meses de nacida la cual permaneció
en cuidados especiales por algún tiempo. En vez de alegrarse por la buena
fortuna que la vida le había regalado Beatriz obstó por abandonar a su hija y
huir con un chico de pésima conducta social, dejando a la pequeña bajo los cuidados de sus
padres; quienes no estaban preparados para enfrentar semejante reto; pero al
final no dudaron en asumir una responsabilidad que no era suya.
Con el paso del tiempo la niña de Beatriz (*) ya ahora convertida en una jovencita de 12
años para la tranquilidad de sus abuelos decide tomar un camino diferente al de
su madre, pero su decisión no fue casual; ya que al cabo de los años descubrió
al recibir una carta misteriosa; que la mujer que la trajo al mundo estaba en
prisión. En efecto sus abuelos le habían contado todo lo que su madre; a
quienes ya daban por muerta había hecho; después de desaparecer y tener
noticias de su hija al cabo de los
años.
Por eso te digo amigo lector; si acaso te ves
reflejado en alguna de estas tristes historias de la vida real; no es pura
coincidencia, es la irradiación de las palabras alumbrándote el camino hacia la
luz. Pero recuerda siempre que cualquier decisión que tomes en la vida de una
forma u otra puede afectar a los demás; el asunto no está en decidir ni tampoco
en permitir que otros lo hagan por ti; sino en saber decidir para preservar tu
propia vida para que puedas durar muchos años y cumplir el propósito para el
cual Dios te puso en esta tierra; y no para
arruinar no solo tu vida sino la de
aquellos a quienes amas y son importantes para ti.
(*) Se
han cambiado los nombres de los personajes originales para proteger sus
identidades.


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