viernes, 26 de octubre de 2018

DESICIONES QUE DESTRUYEN O SALVAN VIDAS.



DESICIONES QUE DESTRUYEN O SALVAN VIDAS.
POR:

POR: UZIEL ESPARZA GÁMEZ
esparzauziel@gmail.com

E
xiste un principio elemental que todo Ser humano debe de practicar aun desde sus primeros años; pero evidentemente existen personas que lo pasan por alto acarreando consecuencias desastrosas para su vida. Probablemente usted concordará conmigo al afirmar que los padres juegan un papel muy importante en este asunto. Recuerdo haber visto en una ocasión cuando visité la casa de un amigo; a una madre que curiosa observaba a su niño de 6 meses de nacido jugar en su corral; pero lo más llamativo del caso está en que cada vez que el niño quien al parecer estaba aprendiendo a identificar a sus juguetes tomaba uno; en ese breve instante su madre obviaba su decisión de experimentar con aquel juguete nuevo y le ofrecía otro en su lugar.

Actitudes como esta aunque usted no lo crea afectan a largo plazo, el desarrollo y la capacidad que tenemos como seres dotados de inteligencia; de tomar en el futuro buenas decisiones y no depender de las opiniones de otros. Con esto no quiero decir que sea algo malo escuchar la voz experta de parientes, conocidos e incluso amigos que de buena intensión nos dan sus sabios consejos y aportan sus ideas a la hora que necesitemos tomar una importante decisión en nuestra vida.

Se trata de un asunto serio en donde la decisión que debe prevalecer deberá ser siempre la nuestra; reflexionando en torno a este punto recordé el caso de José; (*) un joven correcto, serio, trabajador, sin vicios, el sueño dorado de cualquier mujer; pero pese a sus buenas virtudes, José tiene un defecto que le impide tener una vida normal como cualquier joven de su edad. Nunca ha podido tomar una decisión por su propia voluntad, sino que depende de lo que le diga su actual pareja para hacer prácticamente cualquier cosa.

Su caso no es nuevo y se remonta a la época cuando aún vivía con sus padres; para ese entonces su mamá lo sobreprotegió tanto que prácticamente no le permitió hacer o decidir  nada sin su consentimiento; que ropa debía de ponerse; que alimentos debía de comer imponiendo su propio gusto; que programas de TV ver; qué libros leer;  sus amigos; su carrera y hasta su actual pareja fueron elecciones hecha por  capricho de su propia madre quien en ningún momento respetó el criterio propio y la voluntad de su hijo.

Lamentablemente los padres de  José no vivieron mucho tiempo; y al abandonar esta vida por la voluntad de Dios dejaron a un hombre de 37 años aunque casado, con una casa heredada, y un trabajo decente atado de pies y manos; un hombre solo de nombre. Y yo me pregunto; ¿De qué sirven los bienes materiales cuando no eres feliz con lo que tienes?, ¿De qué sirve tener una pareja si no fuiste tú quien la eligió?; cuando dependemos de la voluntad de otros para realizar las tareas que la vida nos ha puesto por delante; puedo decir sin ser radical que nuestro paso por esta tierra llena de maldades con conciencia ha sido un verdadero fracaso; porque cuando otro Ser humano te roba el poder de decisión; te ha robado también tu libre albedrío convirtiéndote en un esclavo más de los tantos que todavía existen en este mundo lleno de luz y oscuridad. 

Sin embargo, cabe señalar que si bien es reprochable las malas actitudes que toman algunos padres acarreando consecuencias  nefastas en la vida de sus hijos; otros por otro lado sin verse obligado a hacerlo han tomado decisiones que lejos de destruir han construido a costo de su propio sufrimiento un futuro mejor para sus progenitores. La siguiente historia personal es una prueba irrefutable de ello.

Alberto (*) es un militar de academia con una envidiable hoja de servicios, que ha hecho de él  un hombre admirado y querido por quienes lo conocen. Para el momento en el que se desarrollaron los hechos que estamos narrando aquí el entonces Coronel Alberto se desempeñaba como profesor titular en una Unidad Especial de Formación de Nuevos Pilotos en una de las principales unidades de aviación militar de su país.

Para ese entonces ya llevaba 20 años de servicios a la patria de un total de 25 jurados; solo le faltaban 5 años para concluir su brillante carrera cuando un suceso familiar cambiaría la vida de este hombre y la de su familia para siempre. Alberto además de militar es un esposo felizmente casado y padre de una hermosa chica llamada Amanda. Una niña que tristemente fue diagnosticada de Leucemia; desde la corta edad de 10 años y a causa de la enfermedad convaleciente  no podía caminar. Pero no todo estaba perdido para esta pequeña; que soñaba con celebrar sus 15 primaveras bailando un vals junto a su padre; había una esperanza de un trasplante de médula ósea que podía lograr que Amanda finalmente pudiese caminar; solo había que encontrar un donante compatible.

Después de un análisis minucioso a la paciente y realizar algunas pruebas experimentales con un selecto grupo de posibles donantes, los resultados finales concluyeron que el único donante compatible para realizar el trasplante de médula ósea no era otro que el propio padre de Amanda. (*)

Al recordar con tristeza la triste historia de Alberto y Amanda víctimas de las circunstancias de la vida; crea en mi mente un dilema que plantea la incógnita de ¿A qué punto el amor de padre puede mover a un hombre como Alberto a tomar una decisión acertada o desacertada para su vida? Al final su amor paternal resultó ser más fuerte que su orgullo personal; púes sin pensarlo dos veces cumplió la promesa que le había hecho a su niña de regalarle no solo una fiesta de 15 años; sino un hermoso baile de Vals él desde una silla de ruedas y ella danzando de pie a su lado.      

Es evidente que las buenas y malas  decisiones que tomamos en la vida en un momento determinado pueden afectar en buena medida la vida de otros; y no me refiero únicamente a los padres, ya que los hijos también están implicados en este asunto. Sobre este dilema me gustaría narrar brevemente una historia que demuestra hasta qué punto una mala decisión de un hijo puede cambiar la vida de sus padres.

Si desastrosa y reprochable es la actitud de algunos padres que sobreprotegen y controlan en demasía la vida de sus hijos al decidir por ellos; resulta aún peor cuando otros  progenitores son demasiados permisivos dejando que sus hijos hagan y deshagan a voluntad. Beatriz era una chica a la que sus padres consentían en demasía permitiéndole hacer lo que le diera su real gana. Con tan solo 14 años de edad; salía a todo tipo de juergas con sus amigos hasta altas horas de la madrugada; que por demás eran mayores que ella; bebía Alcohol; fumaba cigarrillos; y le abría las piernas a cuanto tipejo le pintara gracia. En más de una ocasión  fue detenida por la policía por su mala conducta social  para luego ser rescatada por sus padres; quien además de pagarle la fianza justificaban sus malos actos al afirmar a las autoridades que la chica solo quería divertirse con sus amigos; y en consecuencia estos al ser mayores que ella la forzaban a practicar aquellos malos vicios.



Pero un día todo cambió cuando Beatriz (*)  descubrió que estaba embarazada; demás está decir todas las locuras que la chica hizo para abortar a la criatura que se estaba desarrollando en su matriz; pero finalmente contrario a su voluntad superó el embarazo y tuvo una niña prematura de 8 meses de nacida la cual permaneció en cuidados especiales por algún tiempo. En vez de alegrarse por la buena fortuna que la vida le había regalado Beatriz obstó por abandonar a su hija y huir con un chico de pésima conducta social, dejando a la pequeña bajo los cuidados de sus padres; quienes no estaban preparados para enfrentar semejante reto; pero al final no dudaron en asumir una responsabilidad que no era suya.

Con el paso del tiempo la niña de Beatriz (*)   ya ahora convertida en una jovencita de 12 años para la tranquilidad de sus abuelos decide tomar un camino diferente al de su madre, pero su decisión no fue casual; ya que al cabo de los años descubrió al recibir una carta misteriosa; que la mujer que la trajo al mundo estaba en prisión. En efecto sus abuelos le habían contado todo lo que su madre; a quienes ya  daban por muerta  había hecho; después de desaparecer y tener noticias de su hija  al cabo de los años.   

Por eso te digo amigo lector; si acaso te ves reflejado en alguna de estas tristes historias de la vida real; no es pura coincidencia, es la irradiación de las palabras alumbrándote el camino hacia la luz. Pero recuerda siempre que cualquier decisión que tomes en la vida de una forma u otra puede afectar a los demás; el asunto no está en decidir ni tampoco en permitir que otros lo hagan por ti; sino en saber decidir para preservar tu propia vida para que puedas durar muchos años y cumplir el propósito para el cual Dios  te puso en esta tierra; y no para arruinar no solo tu vida  sino la de aquellos a quienes amas y son importantes para ti.     

(*) Se han cambiado los nombres de los personajes originales para proteger sus identidades.









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